DISCRIMINACIONES Y DERECHOS HUMANOS

(REMDH) Red Euro mediterránea de Derechos Humanos

Desde el punto de vista del corpus de los derechos humanos, las discriminaciones generan problemas muy complejos. Un simple examen de la cuestión descubre infinitos pliegues: Género, libertad de conciencia, diversidad cultural, orientación sexual... Los temas están a la altura de las diferencias que constituyen la humanidad. Resolver esto último, mediante la simple afirmación de la igualdad de derechos no recoge toda la complejidad de las prácticas sociales y políticas, y menos aún, de las respuestas requeridas. Si, por ejemplo, en materia judicial, más allá de las culturas jurídicas, la noción del proceso equitable, responde a criterios fácilmente identificables, consensuados internacionalmente, no es cierto que todo el mundo asume la definición de la discriminación, tampoco sobre los eventuales remedios. Con ello, se desemboca en una paradoja aparente, que conduce a la práctica de la discriminación para acceder a la igualdad. Esto, evidentemente, se da sin considerar la evolución de la ciencia que, en lo que afecta directamente a la definición y a la concepción de la Humanidad y no a la preservación del cuerpo humano, aumenta la misma naturaleza de dichas preguntas. La intrusión de la dimensión moral, o la reivindicación de valores, propias a una u a otra civilización, que no es propia de este campo de reflexión, pero que lo influye, abre la vía a la negación de la universalidad que se autoriza a relativizar uno u otro atentado contra los derechos individuales o colectivos, a la que se cuestiona su misma existencia.

Pensar esta problemática impone delimitar su campo, teniendo en cuenta los obstáculos relativos al tiempo, al espacio y a la participación. La igualdad hombre-mujer y de género, en general, divide la humanidad en dos partes, superando ampliamente las discriminaciones que afectan a uno u a otro grupo. En consecuencia, es preferible no integrarla y tratarla como fenómeno autónomo.

No se aspira aquí aportar soluciones absolutas, ni tampoco una lista de buenas recetas. Sin embargo, sí queremos cernir las vías y los medios que puedan permitir despejar un consenso, conforme con los estándares internacionales o, completándolos, si es necesario, en vistas de cualificar las discriminaciones a partir de situaciones concretas.

Los derechos de las minorías culturales ocupan un espacio importante, a través de dos cuestionamientos: ¿Qué debemos proteger?; ¿Cómo no podemos convertir el derecho de las minorías en la gestión de una forma de arresto domiciliario, preservando, a la vez, el derecho de cada uno para vivir su propia cultura?; ¿La articulación entre la aplicación de una regla general y al hipótesis eventual de modificar esta regla en algunos territorios, se inscribe en un enfoque discriminatorio él mismo, o responde a un ejercicio ciudadano que se inscribe sólo en el marco del Estado nación?; ¿En tanto que ejercicio de la igualdad de derechos, la ciudadanía tiene un solo y único contenido, o puede evolucionar sin atentar contra los derechos fundamentales en función de los territorios?; ¿Es la igualdad de derechos la única respuesta posible a los derechos colectivos de las minorías culturales?; ¿Es aplicable la misma pregunta a la constitución de los Estados nación para cada una de las minorías implicadas? En fin, ¿puede esta cuestión encontrar una respuesta fuera de un sistema democrático? y, en este contexto, cuál es el papel de los actores institucionales encargados de luchar contra las discriminaciones, ante la sociedad civil y a sus actores?

Esta temática podría desarrollarse en un seminario seguido de un debate.